Cuatro serpientes

Víbora, lagarta, bicha, pécora, culebra, arpía… serpiente.
Serpiente como sinónimo de persona venenosa, de mujer deslenguada, de hembra peligrosa y osada, de esas que saltan e inoculan la neurotoxina con intenciones malignas…
Me fascinan las serpientes. Nunca he pensado que sean malignas ni perversas. Es más: semejantes calificativos no sólo me parecen absurdos por obviar la naturaleza de estos animales bellos, que tienden más a la defensa que al ataque y que, por esto último, son un fantástico ejemplo de la teoría darwinista.
También es cierto que me dan miedo las serpientes. Esto es compatible con lo anterior entendiendo que me encanta ver mambas negras y verdes… en youtube. Y cualquier documental que trate sobre cascabeles, ranas dardo o pulpos de anillos fosforitos y todos sus potentes venenos neurotóxicos.
Esta dualidad de la fascinación temerosa me sirve como introducción y espero que sirva como conducto de lo que quiero expresar en un día como HOY.
Tres generaciones de serpientes. Serpientes del Horóscopo Chino,- aunque prefiera la Zoología realmente mucho antes que la astrología-, 1953,1977,1989… y 2013. Porque en 2013 puede nacer otra serpiente más… o puede ser un nene.
Pero si fueran cuatro ya y aunque no lo fueran, yo podría decir que las cosas han cambiado a mejor desde aquel 3 de Julio de 1953.
Y aunque no sea una cuarta serpiente, me gustaría poder decir que se acaba. Que termina de una vez. Que hasta aquí ha llegado la permisividad para con esa manera peyorativa de utilizar la palabra ‘serpiente’. Que siga en la RAE la acepción de poseedora de perfidia y malevolencia verbal (para que Pérez Reverte pueda seguir con sus virales antipolíticos y nos deje tranquilas a las féminas que no llevamos pantys de crystal con raya en la corva y falda de tubo), pero que el uso quede reducido al ámbito literario y poco más.
Que no sea serpiente aquella mujer que se indigne porque la tratan de modo paternalista. Que no sea serpiente aquella que hace uso de la última palabra. Que no sea serpiente si levanta la mirada con orgullo porque no acepta  piropos que reducen su ser a estampa carmín sin que sepan que también hay gris en su materia.
Que se acaben las imposiciones machistas y la violencia física, psíquica y verbal. Que no haya tantas mujeres machistas también sería necesario, ya que muchas veces quienes dicen ‘serpiente’ a otra mujer son mujeres machistas.
Yo no soy ni he vivido lo que mi madre, como tampoco mi hermana es ni ha vivido lo que yo. Y espero y deseo que, si hay una cuarta serpiente, pueda decidir con total plenitud sobre su vida sin imponerse nunca nadie sobre sus deseos, como nos ha pasado a las tres anteriores, a pesar de la distancia entre cada uno de nuestras sinuosas existencias.

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