Contracorriente y Culo Sucio.

En verdad no sé si debería citar mejor al Sr. Mojón en lugar de a Culo Sucio.

Lo cierto es que es lo de menos. De cualquier manera habrá quien piense que mis reflexiones, aquí y ahora, son un truño gigantesco en mitad de la que está cayendo. También supongo que habrá gente que se sienta identificada. En cualquier caso, aunque siempre me lo propongo y nunca lo consigo trataré de ir al grano.

Tengo una necesidad imperiosa y postergada de explicar mi progresivo y,- me temo que cada vez más-, profundo distanciamiento de las redes sociales desde un punto de vista participativo. Me siento mejor en mi tribuna voyer. Esto me parece obvio aun cuando se deba a ciertas particularidades que no vienen al caso y que pueden valer para cualquier otra persona y responder incluso a motivaciones de auto justificación  Con la que está cayendo. Oigan.

Cierto es que mi susceptibilidad y mi incorregible tendencia a meterme donde no me llaman -o donde llaman a la peña pero con la boquita pequeña- me hace entrar en bucles espacio-temporales que no son el medio ideal para interactuar con los demás de una manera… ¿cómo lo diría? Sí: lo más aproximado, aunque no quiera reconocerlo, es “mentalmente saludable”. El problema es mío, desde luego, por mucho que diga ahí arriba lo de la “boquita pequeña”. Y es un verdadero despropósito pensar en “lo mío” con el momento de necesidad de amor fraternal y fuerza colectiva necesarias para levantar al país en medio de la que está cayendo.

Peco de arrogancia, lo sé. No son en absoluto relevantes todas estas boberías de niña de teta. Con la que está cayendo.

Será que me abruma el chorreo de publicaciones contra el dogma del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y el cinismo y la hipocresía de mucha gente que ya formaban parte de mi entorno social antes de agregarlos a una lista de facebook o  de tuinter.

Será que no me parece justo ni adecuado que se me achuche en mi muro porque no les gusta cuando callo porque estoy como ausente.

Será que las decepciones por las diferencias ideológicas y el que no sea yo sola la que se las sabe todas me irrita. O quizá que cuando sale a pasear la condescendencia quede muy bien dar la callada por respuesta o directamente negar las capacidades de comprensión del que discrepa. Sí. Yo también lo he hecho. Con la que está cayendo…

Pero lo que no me cabe ninguna duda de que sí que es y está -e insiste en mi cabeza machaconamente- es la ausencia de empatía. Pero no la más reciente, con los pelos como escarpias, por esas personas que se han suicidado porque tenían fecha para el desahucio. De nada sirve ya la compasión. O los gritos en el cielo porque en Extremadura cuatro de cada diez niños están en riesgo de pobreza y exclusión social. Me refiero a la ausencia de empatía de hace años. Todos estos:

Tasa de riesgo de pobreza

Hoy, cuando mi propia situación personal, paradójicamente (y no en todos los aspectos…) ha mejorado con respecto a la tremenda crisis que viven muchos otros semejantes, no puedo dejar de pensar en echar una mano, en la medida de mis posibilidades (que son algo menores que las de Amancio Inditex Ortega), a quien me pilla físicamente cerca.

Y, con la que está cayendo, no tengo la nobleza de carácter suficiente ni la paciencia necesaria para aguantar lecciones, ni en facebook, ni en twitter, ni en la cochibamba virtual de turno, de personas que hace taytantos años no eran capaces de ver que sus actividades especulativas del “todo el mundo lo hace” o las justificaciones del colega o el familiar de turno “quesque había firmado por muchos ceros y que qué majos los del banco, porque ya si eso la vendía después por un cero más si se quedaban en paro”, provocaban que se  encareciese la vivienda de alquiler de una paisana como la menda. Y resulta que esta menda malencarada, cabreada y vinagres, tenía por aquel entonces a su cargo a una menor en riesgo de exclusión social -Oh, sielos! Guós da fack!- y, para evitar males mayores, metía horas como una jabata en un antro grasiento y se privaba de sus propios sueños, postergándolos.

Y ahora digan si quieren que bueno, pos que yastá, que no nos representan -¡JA!- y que puedo ser feliz contracorriente y con el culo maloliente…

Con la que está cayendo.

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